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Historias de vida 

Evita el Seguro Popular la ruina económica de Don Telésforo Vargas

Antes de afiliarse al Seguro Popular, el michoacano tuvo que vender una parcela y parte de sus propiedades para costear su enfermedad.                                                                                                          

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A sus 60 años de edad, Don Telésforo Vargas, disfruta la vida al lado de sus familiares y amigos, de sus bienes y sobretodo, de salud gracias a la atención oportuna que le brindaron a través del Seguro Popular. 

 

Hace 25 años le diagnosticaron diabetes mellitus a Tele (como le dicen sus allegados). Sin embargo, el descuido le generó complicaciones que impactaron tanto en su salud como en su bolsillo.

 

“Cuando tenía 34 años empecé con mi problema de diabetes, uno tiene la idea de que no pasa nada y no se cuida, come de todo y nunca se prevén los problemas que más adelante la enfermedad puede causar.

 

De joven me dedicaba al campo y después fui empleado, pero nunca había tenido seguro médico” comenta el señor Vargas que vive en Apatzingán, Michoacán.

Fue hace 10 años cuando comenzó a sentir los malestares derivados de la diabetes que le había sido diagnosticada. Su deterioro le generó problemas para subir y bajar escaleras, e incluso, caminar más de una cuadra. Antes de que existiera el Seguro Popular tenía que solventar los gastos que le ocasionaba la enfermedad.

“Tuve que vender una parcela y parte de las propiedades que había conservado durante tanto tiempo, unos carros, entre otras cosas, porque la medicina era muy cara, la insulina me costaba alrededor de 400 pesos”, agrega el afiliado.

 Don Tele estudió leyes, trabajó muchos años por su cuenta pero nunca pensó en ahorrar o comprar un seguro   médico.Cuando la diabetes le ocasionaba complicaciones acudía con médicos particulares, lo que le provocaba fuertes gastos.

“Para mi desgracia ya había perdido todo, vendí dos casas en Morelia, porque no podía trabajar y además tenía que mantener a mi familia, empecé a pedir prestado y las deudas crecían cada día más, sólo deshaciéndome de los bienes pude contrarrestar los males”, recuerda con melancolía Telésforo.

“Tuve cuatro hijos, tres mujeres y un varón, ellos me atendían y ayudaban”, con lágrimas en los ojos continúa con la historia. “Pase dos años de mi vida tirado en una cama mientras la enfermedad crecía. Cuando empecé a ir al Hospital General Civil de Morelia y me inscribí al Seguro Popular me hicieron dos operaciones; la de la vesícula y posteriormente me tuvieron que amputar los pies, con la gran diferencia que, una vez afiliado, ya no pagaba absolutamente nada”.

“En el Hospital Civil de Morelia tienen todo lo que la gente necesita para estar sano; desde un cardiólogo, urólogo, y con el Seguro Popular me quité el pendiente de estar consiguiendo dinero para pagar el tratamiento”, añadió el afiliado.

El señor Vargas, al igual que todos los afiliados al Seguro Popular que padecen diabetes, recibe el tratamiento necesario como insulina y toda la medicina que se necesita, sin costo alguno.

“La atención que me dan es magnífica, la última vez que estuve internado duré un mes, las enfermeras, a pesar de que son un poco roñosas, me trataban bien, hasta descanse un poco porque sabía que no tenía que vender ya nada para pagar la hospitalización”, puntualizó Telésforo.

Sólo con llevar la póliza a cualquiera de las clínicas que brindan servicio a los afiliados al Seguro Popular, se nos atiende y se nos da tratamiento. “Por eso yo digo que el Seguro Popular es un beneficio grande para la gente, tenga, o no tenga dinero”, afirma.

“Quien está apoyado por el Seguro Popular tiene todos los beneficios para que no le falte la salud, porque algunos consultorios particulares, además de que cobran muy cara la consulta, a veces ni atienden bien, en cambio, acá me han tratado muy cordialmente” agrega.

Con un cambio radical en su cara, Telésforo Vargas cuenta que ya no le da miedo recaer, Actualmente se cuida como se lo han recomendado en el Hospital. “Ahora ya no la pienso, antes prefería quedarme en casa a que pasaran mis dolores, hoy me voy directo al hospital. En urgencias ya hasta me conocen y me estabilizan porque me pasan luego luego, lo que antes no sucedía”.

“Si no tuviera el Seguro Popular yo creo que ya estaría en el panteón”, comenta en forma de broma el afiliado. “Porque ¿con qué dinero iba yo a solventar esas enfermedades que me han pasado? A pesar de que he estado desde un mes o quince días en utele2n hospital, gracias a Dios sigo vivo, estoy aquí y quiero seguir adelante”

“Si tuviera la oportunidad de ver al señor Presidente, Felipe Calderón, le diría que muchas gracias por el apoyo que le ha dado al Seguro Popular y que ojalá hubiera tenido más tiempo para hacer más y poder seguir ayudando a los que lo necesitan” añadió el señor Vargas. 

Terminando la plática, cuenta Don Tele que se encuentra en buenas condiciones de salud. Asiste cada dos meses por su dosis de insulina, los médicos lo encuentran estable, sus heridas han cerrado y se siente muy contento por ello. 

“Por todo lo que les he platicado estoy muy agradecido con el Seguro Popular porque a través de él me despreocupo por no tener el dinero para solventar mi enfermedad. Me siento tranquilo y me gustaría transmitirles que no crean las frases donde dicen que no sirve. Si no les hacen caso una vez, inténtenlo de nuevo y demanden sus derechos como mexicanos”, finalizó Telésforo Vargas.


 

 

¡Disfrutar de la vida es lo único que debía preocuparme!

 • “La leucemia se estaba apoderando de mí, acudir al médico se volvía una angustia y una pesadez.

•  Creo que sin la ayuda del Seguro Popular yo habría muerto”

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Soy Yuliana Miranda Díaz, hace unos años me detectaron leucemia, empecé a adelgazar mucho, llegue a pesar hasta 30 kilos, era demasiado flaquita para mi edad. Mis papás tenían que ayudarme porque ya no me valía por mí misma.

No podía comer, tampoco hacer las mismas cosas de antes, ni pararme, mucho menos caminar, es más, ni siquiera podía hablar, eso era lo más trágico de mi enfermedad, ya que sólo tenía 14 años cuando todo comenzó. Ahora tengo 17 años y vivo en Puente de Ixtla Morelos.

La leucemia se estaba apoderando de mí, entre el dolor y ver a mi familia que se desesperaba porque no contaba con los recursos que exigía mi padecimiento, se volvía una angustia y una pesadez acudir al médico.

Una vez tuve que asistir de emergencia al Hospital del Niño, gracias a Dios, una de las enfermeras que me tocó me platicó que los gastos del tratamiento eran muy costosos pero que ahí mismo podía afiliarme al Seguro Popular para que cubriera todos los gastos.

En cuanto empecé el tratamiento, se vieron reflejados los avances. Cada tres horas entraban a mi habitación a inyectarme. Me dieron 120 quimioterapias, que afortunadamente no les costaron nada a mis papás, y creo que sin la ayuda del Seguro Popular yo habría muerto.

En cuanto iniciaron las quimioterapias, mi pelo se empezó a caer, yo lloraba porque sentía que iba quedar muy fea, pero día a día entendí que había una esperanza de vida para mí y lo mejor es que no tenía que preocuparme por los gastos, sino simplemente por recuperarme, eso era un gran alivio.

El Seguro Popular no sólo me ayudó cubriendo el costo de las quimioterapias, sino también el de los nutriólogos que me ayudaron a subir de peso. Acudí también con el dentista y todo lo que necesitaba para ser como antes: ¡Una niña feliz!

Los doctores dicen que el cáncer ya no lo tengo, ahora sólo voy cada seis meses a revisión para saber que todo esté bajo control.

Cuando me dijeron que mi hija tenía leucemia, lo primero que pensé es que se iba a morir. Mi mamá acababa de fallecer por cáncer unos meses antes, por falta de recursos, siento yo, no pudimos salvarle la vida.

Me sentía mal con mi hija ya que desgraciadamente no contábamos con el dinero suficiente, como paso con mi mamá, por eso creía que ella también iba fallecer, platica Gena Díaz Marquina, madre de Yuliana.

Afortunadamente una de las secretarias del Hospital del Niño nos comentó que a nosotros que éramos afiliados al Seguro Popular no nos iban a cobrar absolutamente nada de las consultas, ni el tratamiento que necesitaba, que todo iba ser gratuito y así fue.

Gracias a todos los del Seguro Popular ella pudo estar en el concurso que organizó el hospital donde participó mi esposo y entregarle al Presidente el dibujo que se llama “Ella es Yuli, como yo la llamo”. Sin el apoyo del Seguro Popular tal vez esa hoja hoy estuviera en blanco.

Cuando comenzaron los exámenes y las idas al médico con mayor frecuencia, pensaba irme de migrante para Estados Unidos, ya que no contaba con suficiente dinero para tratar la enfermedad de mi hija. Me preocupaba mucho no poder tener los recursos que fueran necesarios para salvarle la vida, comenta David Miranda Acosta, padre de Yuliana.

Fue un gran alivio estar afiliados al Seguro Popular porque desde que le diagnosticaron la leucemia; el tratamiento y las consultas, tanto con el médico, el nutriólogo y el dentista; todo corrió por cuenta de ellos. 

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Cuando fue el concurso de dibujo dentro de las instalaciones del hospital, nos dijeron que ahí teníamos que plasmar el agradecimiento que le teníamos al Seguro Popular. Yo la dibujé a ella, les di gracias a ellos porque la cuidaron mucho. Pudo seguir con su escuela, sus sueños y hasta pudo disfrutar de su fiesta de 15 años.

 

 

 


La Victoria en San Valentín

Asistía al Centro de Salud donde me atendían muy bien, cada mes me llevaban a hacerme estudios, todos cubiertos por el Seguro Popular.

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Me llamo Berenice Espinoza Trillo, estoy felizmente casada. Me afilié al Seguro Popular hace un año, en junio del 2011, porque estaba embarazada pero no contábamos con servicios de salud.

Mi esposo es comerciante y entre las clientas me comentaban acerca del programa Embarazo Saludable. Acudí a la clínica de salubridad para atenderme y que me dieran el ácido fólico y consultas necesarias. Me atendían muy bien, cada mes me llevaban a hacerme estudios, todos cubiertos por el Seguro Popular.

Cuando me tocaba consulta me tomaban la temperatura, revisaban mi presión arterial, el peso y ya después me pasaban con el doctor. Se puede decir que mi embarazo fue muy tranquilo y sin preocupaciones, me di cuenta que dentro de las clínicas, las mujeres embarazadas son lo más importante.

Escuchar los latidos de mi bebé en los ultrasonidos fue una sensación maravillosa. A los ocho meses me enviaron al Hospital de la Mujer para hacerme estudios de todo tipo y poder abrir un expediente con todos mis datos y que todo lo tuvieran bajo control.

En los primeros días de febrero asistí a mi consulta, la siguiente me la habían programado para el 24 de ese mismo mes, pero empecé con dolores muy fuertes el día 13 de febrero ya contaba con las 40 semanas de gestación.

Desafortunadamente mi bebé ya tenía sufrimiento fetal, su corazón latía demasiado rápido, me hicieron un electrocardiograma para ver los latidos de la niña; de repente muy rápido y luego muy lento, poco a poco lo fueron controlando. El doctor siempre estuvo al pendiente de nosotras, lo raro fue que yo no sentí las contracciones, me tuve que esperar alrededor de cuatro horas porque tampoco se me había dilatado el útero.

Una vez controlado el ritmo cardiaco de Victoria me tuvieron que mandar a una clínica particular porque ya era urgente el parto y desafortunadamente en el Hospital de la Mujer no había camas desocupadas, me hicieron cesárea y me trataron sumamente bien y todo fue financiado por el Seguro Popular.

El mismo día que nació nos dieron de alta, a pesar de que cuando la sacaron no lloró mucho, como que le faltaba el aire, pero inmediatamente la acomodaron en una incubadora para ponerle oxígeno. Mientras ella estaba en observación yo me estaba recuperando del parto y las dos salimos al mismo tiempo afortunadamente.

Nosotros nos pusimos a investigar y en esa clínica el parto salía como en ocho mil pesos, más las consultas, cada una era de 400 pesos. Si no estuviéramos afiliados al Seguro Popular no hubiéramos tenido para pagarlo.

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El Seguro Popular es de gran ayuda para las personas que no tenemos solvencia económica, porque aunque trabajamos no contamos con el dinero suficiente o algún otro servicio de salud.

Le agradezco mucho al Seguro Popular porque de igual manera, sin su apoyo no sé si mi hija hubiera nacido bien.

Mi hija nació el 14 de febrero, una fecha muy linda porque es el día del amor y ¡el amor más grande que nos mandó Dios fue Victoria!


Supera Yuliana atresia esofágica con el Seguro Popular

Después de varias cirugías y un gasto superior a los 300 mil pesos, la pequeña de tres años retoma su vida normal. 


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Me llamo Julio César Gastelum Leyva, soy transportista y vivo junto con mi esposa Alma Rosa y mi hija Yuliana en Novolato, Sinaloa. Mi pequeña nació enferma, por lo que mi esposa ha tenido que cuidarla. Nos afiliamos al Seguro Popular en el 2009.

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Cuando quedó embarazada Alma Rosa la ginecóloga nos platicó de los beneficios que tiene este Sistema, sobre todo porque nos salió gratis el parto. Mi esposa se atendió durante siete meses y medio en el Hospital Civil, en control prenatal, la atención siempre ha sido muy buena, le dieron su ácido fólico, vitaminas, las consultas y todo era sin costo. Desgraciadamente Yuliana nació con un problemita en su esófago, se llama atresia del esófago con fístula traqueoesofágica.

El esófago de Yuliana no se alcanzó a desarrollar bien así que la teníamos que alimentar por medio de una sonda que le llaman botón. A la fecha lleva dos cirugías y los médicos dicen que afortunadamente mi hija ya está bien. Creo que si no contáramos con el Seguro Popular no habríamos podido con los gastos del parto y las cinco cirugías que necesitaba Yuliana ya que mi negocio no me permite obtener ninguna otra asistencia médica. En mi trabajo hay meses que se escasea y ellos nos han ayudado mucho.exito45

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace un tiempo hicimos cuentas y descubrimos que se han gastado más de 300 mil pesos, dinero que desgraciadamente no tenemos, pero que ha cubierto el Seguro Popular, sin este apoyo hubiéramos tenido que vender nuestra casa, que es nuestro único patrimonio.

Estoy muy agradecido con el Seguro Popular porque con su ayuda puedo presumir que mi hija ya en septiembre cumple tres añotes, y ya se encuentra muy bien de salud. Vamos caminando lento, pero felices de poder estar juntos.

 


 

 

Recibe Carmen a un ángel en su vida

A través del Seguro Popular, atienden a su bebé y le realizan una colostomía.

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“Sin la ayuda del Seguro Popular mi hijo no estaría conmigo o yo estuviera muy endeudada. Mucha gente me decía que no me afiliara porque según ellos no servía,pero ahora yo veo que gracias al Seguro Popular mi hijo y yo estamos sanos y sin haber gastado un solo peso”

 

 

 

Me llamo Carmen Alicia Beltrán Castañeda, vivo en Novolato, Sinaloa, tengo 30 años, soy madre soltera, ama de casa y tengo un hijo de un año de edad.

Me afilié al Seguro Popular cuando estaba embarazada, yo veía en la televisión los comerciales y supe que todas las personas, que como yo no teníamos ninguna seguridad social, podíamos hacer uso de este servicio.

Me atendieron en el Hospital Integral de Novolato, en cada una de las citas me daban vitaminas, ácido fólico, y practicaban ultrasonidos para ver cómo iba creciendo mi bebé, sin cobrarme un sólo peso.

Mi pequeño nació de nueve meses con tres semanas, ya se me estaba pasando el parto porque nunca me dieron los dolores, acudí al médico para una revisión y ese día nació Ángel Eduardo, mi pequeño ángel.

Él nació con el ano imperforado, lo que quiere decir que nació con su colita tapada. Afortunadamente se lo declararon desde el primer día y lo trasladaron al Hospital de la Mujer, pero teníamos que esperar un año para poderlo operar, mientras le hicieron una colostomía. Una incisión en la parte del abdomen para que pudiera defecar.

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Al ver a mi pequeño con la colostomía me sentí muy triste, pero en el fondo sabía que tenía que echarle ganas y que iba salir adelante. Ya una vez que pasó la colostomía, me lo canalizaron con un pediatra donde tengo citas cada mes. A los 10 meses le hicieron la perforación del ano, todo salió bien y un mes después lo pudieron conectar su intestino.

Estuvo 11 meses con la colostomía, con todos los cuidados debidos para que no se lastimara, gracias a Dios, es el único malestar que tuvo mi pequeño Ángel. Aún no lo han dado de alta, siempre tenemos que estar al pendiente de que no se estriña porque si eso pasa tendrían que volver a hacerle la cirugía.

Yo creo que sin la ayuda del Seguro Popular mi hijo no estaría conmigo o yo estuviera muy endeudada. Mucha gente me decía que no me afiliara porque según ellos no servía, pero ahora veo que gracias al Seguro Popular mi hijo y yo estamos sanos y sin haber gastado un solo peso.

Yo les diría a todos mis vecinos y conocidos que se afilien al Seguro Popular porque además de la cirugía que le cubrió a mi hijo, todos los medicamentos me los dieron sin tener que pagar algo.  El Seguro Popular nos cambió la vida.


Vianney  

Libra la batalla contra el cáncer de mama

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“Me sentí más tranquila cuando me dijeron que todo el tratamiento y las medicinas iban a estar subsidiadas por el Seguro Popular”

Dejar para otro momento la salud puede traer consecuencias que impactan en la familia, el trabajo y en el bolsillo. Vianney Juárez Méndez, lo vivió en carne propia al ser diagnosticada con cáncer de mama.

 “Me afilié hace más de dos años, en 2010. Antes ya sabía del Seguro Popular por muchas personas que me habían comentado, pero yo decía: siempre he sido muy sana, no lo necesito. Sin embrago, me afilié realmente cuando me detectaron cáncer de mama y  no tenía ningún tipo de seguridad social”, recuerda.

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Una esperanza 

Jugando con su hija pequeña, la mujer originaria de San Agustín Tlaxco, Puebla, se lastimó el seno y al tocarlo descubrió que el quiste había crecido al tamaño de un limón y que el dolor era más profundo.

“Pocos días después de que me pegó mi hija fui a visitar a la doctora particular y me preguntó si estaba afiliada al Seguro Popular,  yo le dije que no lo necesitaba. Me mandó a hacer una biopsia, yo me la tuve que hacer con un médico particular, y cuando me entregan los resultados decía que era peligroso. Pero desde el momento que yo salí de ahí me dijo que era un quiste cancerígeno, en ese momento yo no podía creerlo ¿Por qué a mí?, ¿Por qué a mí? Ese día yo no sabía para dónde ir, sentía que mi mundo se había quedado sin sentido. 

“Regresando con la doctora, me canalizó con otro médico que tenía que operarme lo más pronto posible, pero le dije: yo no tengo dinero, eso fue algo imprevisto y con mi trabajo a veces sí tenemos qué comer y a veces no. Es muy difícil para mí, no sabía ni qué decir, hablaron conmigo y me dijeron que fuera al Seguro Popular, todo fue de emergencia”, comenta.

Vianney decidió realizar la operación en un hospital particular donde le cobraron 3 mil pesos por el proceso quirúrgico. Ahí no sólo le extirparon el quiste, sino que le quitaron su seno.  

Tras esta experiencia y sin recursos económicos, recurrió al Seguro Popular para poder continuar con su tratamiento.

“El primer día que me acerqué a la clínica, en ese momento me afiliaron y me mandaron traer a una psicóloga que me ayudó mucho, ya que fue la primera persona que se acercó a mí y habló conmigo, yo estaba de verdad muy mal, yo creo que por todo lo que había pasado, pero también por el dinero, porque ahí aún no me decían como cuánto me iba a costar todo el tratamiento”, señala.

Hasta ese momento, ella sabía que  necesitaría por lo menos 10 quimioterapias con un costo de 10 mil pesos por cada una en el sector privado, por lo que había pensando en un préstamo a cambio de las escrituras de su estética. Tal vez, con este recurso, podría iniciar su tratamiento.

Al hacer uso de su póliza del Seguro Popular recibió atención especializada y le aplicaron 12 quimioterapias y 30 radiaciones. Tanto el tratamiento  como las medicinas iban a estar subsidiadas por el Seguro Popular. 

“Recibí 12 quimioterapias, una cada tres semanas. Se me cayó el cabello, las uñas, me debilité muchísimo, pero afortunadamente logré librar la batalla contra el cáncer de mamá”.  

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